Oratoria contemporánea – El buen decir

Viernes 16/08/2013

Autor: Dr. Ignacio Di Bártolo.

Tendencias 1 - OratoriaAún no existe una conciencia clara de la importancia que tiene la buena comunicación oral en todos los aspectos de la vida. El saber decir en público, ante otro y otros es fundamental. Muchos esfuerzos se malogran por descuidar lo más sencillo, es decir, por  no se saber transmitir lo que uno sabe. Y esto es un verdadero escollo, por ejemplo, en una carrera ya que impide y retarda el desarrollo y el reconocimiento de nuestra preparación y de nuestras aptitudes.

La capacidad de hablar en público es una equilibrada combinación entre lo innato y lo adquirido. Algunas personas nacen con el don de hablar con fluidez y de enfrentar a los demás sin temores. No obstante es una utopía pensar que el miedo a la oratoria se pierde con facilidad. De ahí que basta saber controlarlo, estudiando cómo hacerlo de una manera eficaz.
Cualquiera sea la predisposición que se tenga, es posible aprender a expresarse con facilidad y aplomo, aparte hoy como lo ha sido siempre, resulta fundamental. Tiene plena vigencia el pensamiento del romano Quintiliano: el orador se hace, el poeta nace. El estilo oratorio tiene sus propias leyes, que no son las mismas que las de la lengua escrita.

La oratoria es antigua, pero las maneras se fueron transformando en el tiempo sin perder lo esencial de su importancia. Considero que el nombre Oratoria Contemporánea que le dimos a nuestra Academia está muy logrado. Da una idea de nuestro propósito, la contemporaneidad o aggiornamiento permanente en el tema. Lo que es actual o moderno deja de serlo en poco tiempo.

El estilo contemporáneo

Las cualidades esenciales en el estilo de la oratoria contemporánea son naturalidad, verdad, brevedad y entrega. El estilo de la disertación actual se puede describir como una conversación extendida. La grandilocuencia, la gracia programada, los silencios teatrales, la articulación vocal exagerada y los apoyos visuales perimidos ya “fueron” en forma definitiva.
Aunque pueda parecer extraño, un buen orador debe practicar la naturalidad. No hay motivo alguno para cambiar la personalidad por estar hablando en público o a través de un micrófono. Por otra parte, es imprescindible decir siempre la verdad (esto es, más que evitar mentiras, también es fundamental no omitir verdades), no distorsionar la información (por ejemplo, manejar estadísticas), evitar enojarse con quien se opone a sus ideas, ser breve y mencionar la fuente de consulta.

A esto que pienso lo establecí como premisa para los alumnos de mis cursos, y lo sometí al juicio de mis pares en la Academia de Oratoria: “está tan mal hablar cuando no se tiene nada que decir, como no hablar si se tiene algo que decir”. También es un fracaso ser incapaz de expresar, por temor o por pudor, lo que pensamos que deberíamos decir.

Un dato para tener en cuenta es la importancia que tiene la brevedad de un discurso considerando que breve no implica superficialidad. Después de tantos años de vivir entre palabras, sé que cuando abundan es porque faltan ideas. Y muchas veces esto ocurre por pereza o por descuido. La brevedad insume dedicación y esfuerzo.

Aconsejo hablar a no menos de 150 palabras por minuto; usar palabras cortas y simples; entrar cuanto antes en el tema central; ser concreto; no llenar el tiempo con palabras; decir lo que tiene que decir y sentarse.

Se han realizado estudios sobre la composición normal de una audiencia y de acuerdo a los resultados, el 20 % es amistosa y cordial, los integrantes se muestran sonrientes, atentos y mueven la cabeza con gestos afirmativos, animándonos a continuar hablando.

Otro 20 % del público es frío y hostil. Parece que no lo convencen palabras del disertante y tiene ganas de irse. El restante 60 % está en el medio de los dos polos opuestos. Son personas educadas y correctas que no manifiestan sus sentimientos o que están expectantes para resolver si serán positivos o negativos.

Es importante reconocer que no existen públicos sin importancia; dar tiempo al auditorio; nunca aislarse ni enojarse; no ignorar a los asistentes difíciles y entregarse ya que usted quiere serles útil. Si se entregó con responsabilidad, será recibido con respeto, y muchas veces recordado con cariño.

En oratoria, la primera palabra tiene una fuerza decisiva en el espíritu crítico del auditorio. Es lo que dará la pauta si el orador merece o no su atención, y predispondrá su ánimo para escucharlo. Para Cicerón, el exordio es el que da una idea del resto del discurso y el que le sirve de recomendación. Es pues preciso que cautive a los oyentes.

*El autor es médico, Presidente Honorario de la Academia de Oratoria.

El cuerpo, con sus movimientos, interviene de una manera decisiva en la comunicación oral, de tal manera que no es fácil concebir una conferencia en la que no pueda verse al orador y debamos limitarnos solo a escuchar su palabra.

“El orador se hace, el poeta nace”

Quintiliano
(aparentemente es el mejor profesor de retórica junto a Isócrates)

Oratoria, tan antigua, tan vigente siempre: fundamental. El crecimiento de la concientización internacional acerca de la importancia que tiene entrenarse/estudiar/practicar oratoria.

“Unos nacen con el don de hablar en público, otros deben aprender”.

La intención es atrapar al lector ofreciéndole una herramienta un poco o bastante descuidada que no está puesta en valor, darle una idea acerca de por qué perfeccionar su manera de decir, de presentarse etc.

-Por qué es importante ser un buen orador en todos los campos de las actividades humanas. Utilidad y beneficios de entrenarse. Quiénes pueden/deben participar en cursos. Quiénes participan (tipos de públicos).

-Por qué oratoria contemporánea? Qué significa, qué la distingue de la/las anteriores?

Estilo conversación extendida…etc

–Ver en el prólogo los párrafos 2 y 3.

*Algunas frases que son buenas y tienen mucho sentido:

– “La comunicación verbal es más que un simple sistema de señales vinculadas”.

– “La disertación no es un monólogo sino un diálogo”.

– “Los mejores oradores son los que reconocen el valor del silencio”…

– “No se habla como se escribe….”

– “Lo visible tan importante como lo audible”.

– Valor del lenguaje gestual (del texto del dr. Carlos Llabrés)

– Estilos: diferencias entre los mismos, cuál es el que está prevaleciendo, y por qué. Quizás es posible dar algún ejemplo haciendo referencia a alguna personalidad (puede ser de un pasado no tan lejano si no quiere hacer referencia a alguien muy popular en la actualidad).

– La oratoria y el mundo virtual: cuando la comunicación crece en la categoría de lo virtual, avanza el poder de las redes sociales, de los mensajes de texto y audio en Internet, cómo se hace o qué se hace para generar un estilo de discurso capaz de llegar con impacto a múltiples culturas y públicos. Por ejemplo, el discurso de Steve Jobs.

– Oradores globales, oradores para públicos específicos. Cómo se preparan? Al Gore sería un orador global? Estuve en sus conferencias y Al Gore conmueve por la claridad de sus decires, parecen no sobrar palabras, estar todas las frases encadenadas y con tal nivel de información que uno no se distrae. También acompaña con su forma gestual, su tono de voz, su manera de desenvolverse en el escenario. Logra llamar la atención, y comprender, un problema tan abstracto sin dejar temblando al público. Su habla es enérgica, dura pero sutil y culmina con la esperanza, a pesar de los oscuros pronósticos.

– Algunos comportamientos que se aprenden:
Practicar la naturalidad, no querer deslumbrar al público, responsabilidad ética del orador, por ejemplo haciendo referencia a Miguel Angel: sacar todo lo que no sea uno mismo

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